/ sábado 13 de junio de 2020

Hablemos de langostas

Hace unas semanas en la columna de Moisés Naim mencionaba tres grandes temas que se desarrollan paralelo a la epidemia de coronavirus y que podrían tener graves repercusiones globales.

Uno de ellos era el exceso de petróleo que ya no tiene cabida en los usuales lugares de almacenamiento. Ante la desaceleración de las economías mundiales por los confinamientos, vimos como los precios cayeron hasta llegar a números negativos en los contratos a futuro. Algo nunca antes visto.

La presión sobre el precio seguirá y México, a pesar de sus malabarismos con la OPEP sufrirá los efectos. Quienes piden que el gobierno gaste, se endeude y continúe la espiral de los anteriores gobiernos seguro tienen esto bien en mente, así como el saqueo transexenal que ha vivido Pemex. Saben bien que el colapso de precios ayudará a desgastar más a la 4T, aunque parece poco importarles lo que suceda luego con el país.

El autoritarismo chino, que está a punto de deglutir a Hong Kong, es otro grave problema que tensa aún más las relaciones con las potencias occidentales. China, consciente de su poderío geopolítico, está a punto de tragarse esa píldora que recibió de manos inglesas hace veinte años. El analista advierte sobre el peligro de que su apetito se vuelva más global y busque disputar la supremacía a los Estados Unidos, a quien ha sabido capotear desde siempre.

La tercera, y la que más llamó mi atención por desconocida, fue la plaga de langostas que azotó Pakistán y ahora se ensaña con la India. Aunque muchos lo nieguen, el calentamiento global ha desquiciado el clima de tal forma que durante la temporada de ciclones 2018/2019 grandes lluvias en la península arábiga permitieron el crecimiento de tres generaciones de langostas de tamaños sin precedentes. Los insectos permanecieron sin ser detectados (sí, el sistema Escudo de Guanajuato no es el único que falla) aunque las dimensiones de las nubes son de proporciones bíblicas; se estima que uno de los enjambres que se dirigió a Kenia poseía unos 192.000 millones de insectos y tenía un tamaño tres veces mayor al de Nueva York. De la península arábiga comenzaron a desplazarse hacia el este de África y sur de Asia en busca de alimento. Las hambrunas que traerá la pérdida de cosechas son caldo de cultivo para la inestabilidad política y el surgimiento de epidemias.

La India sufre una de las peores plagas en 30 años a la que se suma el coronavirus, en cuyo ranking de contagios ocupa a la fecha el cuarto lugar mundial. De ocho a diez enjambres, cada uno de los cuales mide alrededor de un kilómetro cuadrado, han arrasado unas 50.000 hectáreas de cosechas en partes de Rajastán y Madhya Pradesh. Hace unas semanas, la ciudad de Jaipur fue invadida y zonas en los alrededores de Delhi están en alerta.

Ante esta situación India y Pakistán, países que siempre se han mantenido en tensión y que para disuadirse entre sí albergan armamento nuclear, han buscado coordinarse para enfrentar a la plaga. Una señal clara de que es indispensable la colaboración internacional para enfrentar retos de estas magnitudes.

Cualquier alternativa parece buena, desde el uso de drones, plaguicidas, fuego o nubes de humo, hasta la oferta de China de enviar un ejército de 100.000 patos para realizar control biológico. Sin embargo, el grave problema de fondo sigue allí, el clima del planeta ha pasado a un segundo plano con el coronavirus, y eso que hemos constatado que al disminuir la actividad económica es posible que éste de signos de recuperación en muy poco tiempo. La India y Pakistán suenan a países muy lejanos, pero no olvidemos que también nosotros sufrimos consecuencias del calentamiento global: apenas empieza la temporada de huracanes y los pronósticos indican con una probabilidad de 60% que estará por encima de lo normal.

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

Hace unas semanas en la columna de Moisés Naim mencionaba tres grandes temas que se desarrollan paralelo a la epidemia de coronavirus y que podrían tener graves repercusiones globales.

Uno de ellos era el exceso de petróleo que ya no tiene cabida en los usuales lugares de almacenamiento. Ante la desaceleración de las economías mundiales por los confinamientos, vimos como los precios cayeron hasta llegar a números negativos en los contratos a futuro. Algo nunca antes visto.

La presión sobre el precio seguirá y México, a pesar de sus malabarismos con la OPEP sufrirá los efectos. Quienes piden que el gobierno gaste, se endeude y continúe la espiral de los anteriores gobiernos seguro tienen esto bien en mente, así como el saqueo transexenal que ha vivido Pemex. Saben bien que el colapso de precios ayudará a desgastar más a la 4T, aunque parece poco importarles lo que suceda luego con el país.

El autoritarismo chino, que está a punto de deglutir a Hong Kong, es otro grave problema que tensa aún más las relaciones con las potencias occidentales. China, consciente de su poderío geopolítico, está a punto de tragarse esa píldora que recibió de manos inglesas hace veinte años. El analista advierte sobre el peligro de que su apetito se vuelva más global y busque disputar la supremacía a los Estados Unidos, a quien ha sabido capotear desde siempre.

La tercera, y la que más llamó mi atención por desconocida, fue la plaga de langostas que azotó Pakistán y ahora se ensaña con la India. Aunque muchos lo nieguen, el calentamiento global ha desquiciado el clima de tal forma que durante la temporada de ciclones 2018/2019 grandes lluvias en la península arábiga permitieron el crecimiento de tres generaciones de langostas de tamaños sin precedentes. Los insectos permanecieron sin ser detectados (sí, el sistema Escudo de Guanajuato no es el único que falla) aunque las dimensiones de las nubes son de proporciones bíblicas; se estima que uno de los enjambres que se dirigió a Kenia poseía unos 192.000 millones de insectos y tenía un tamaño tres veces mayor al de Nueva York. De la península arábiga comenzaron a desplazarse hacia el este de África y sur de Asia en busca de alimento. Las hambrunas que traerá la pérdida de cosechas son caldo de cultivo para la inestabilidad política y el surgimiento de epidemias.

La India sufre una de las peores plagas en 30 años a la que se suma el coronavirus, en cuyo ranking de contagios ocupa a la fecha el cuarto lugar mundial. De ocho a diez enjambres, cada uno de los cuales mide alrededor de un kilómetro cuadrado, han arrasado unas 50.000 hectáreas de cosechas en partes de Rajastán y Madhya Pradesh. Hace unas semanas, la ciudad de Jaipur fue invadida y zonas en los alrededores de Delhi están en alerta.

Ante esta situación India y Pakistán, países que siempre se han mantenido en tensión y que para disuadirse entre sí albergan armamento nuclear, han buscado coordinarse para enfrentar a la plaga. Una señal clara de que es indispensable la colaboración internacional para enfrentar retos de estas magnitudes.

Cualquier alternativa parece buena, desde el uso de drones, plaguicidas, fuego o nubes de humo, hasta la oferta de China de enviar un ejército de 100.000 patos para realizar control biológico. Sin embargo, el grave problema de fondo sigue allí, el clima del planeta ha pasado a un segundo plano con el coronavirus, y eso que hemos constatado que al disminuir la actividad económica es posible que éste de signos de recuperación en muy poco tiempo. La India y Pakistán suenan a países muy lejanos, pero no olvidemos que también nosotros sufrimos consecuencias del calentamiento global: apenas empieza la temporada de huracanes y los pronósticos indican con una probabilidad de 60% que estará por encima de lo normal.

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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