/ sábado 17 de octubre de 2020

CIENCIA FICCIÓN

La captura del General Salvador Cienfuegos Zepeda asombró por lo intempestiva, no porque alguien dudara de las relaciones entre el narcotráfico y el ejército mexicano, materia fértil de crónicas periodísticas en las últimas décadas, unas de las más recientes y muy recomendables, El traidor de Anabel Hernández, publicado a fines del año pasado; y de reciente aparición García Luna, el señor de la muerte, de Francisco Cruz.

Para tener una idea de hasta qué grado el secretario de la defensa nacional de Enrique Peña Nieto estaba relacionado con el cártel de los Beltrán Leyva, o Cártel H-2, como lo llaman en este proceso, transcribo unos fragmentos del documento presentado por fiscalía de Nueva York, publicado por diarios extranjeros:

mediante sobornos, el acusado asistió al Cártel H-2 en diversas formas, que incluyen:

1. Asegurar que no se realizaran operaciones militares en contra del cartel H-2.

2. Realizar operaciones militares en contra de organizaciones rivales en el tráfico de drogas.

3. Emplazar transporte marítimo para cargamentos de droga.

4. Colaborar para expandir el territorio controlado por el cartel H-2 hacia Mazatlán y el resto de Sinaloa.

5. Presentar a los líderes del cártel H-2 con otros miembros corruptos del gobierno mexicano dispuestos a ayudarlos a cambio de sobornos.

6. Prevenir al Cartel H-2 sobre la investigación policial en curso de los Estados Unidos al Cartel H-2, así como el uso de testigos e informantes. Algo que resultó en el asesinato de un miembro del Cartel H-2, cuyos líderes creyeron incorrectamente que estaba ayudando a las autoridades policiales estadounidenses.

Las acusaciones son específicas y están soportadas por comunicaciones directas entre el acusado y un líder del Cartel H-2, incluyendo comunicaciones donde el acusado discutió su historia de asistencia a otra organización narcotraficante, así como comunicaciones donde se le identifica por su nombre, título y fotografía como funcionario del gobierno mexicano en colaboración con el Cartel H-2.

A todo lo anterior se agrega una acusación por lavado de dinero. Gran parte de la información proviene con seguridad de los juicios contra el Chapo Guzmán y otros miembros del cártel de Sinaloa, en guerra desde hace una década contra los Beltrán Leyva y sus aliados.

No sorprende que el gobierno mexicano evitara interceder por el general Cienfuegos cuando se les anunció hace semanas sobre el avance de la investigación. Tampoco que el presidente anuncie una limpia dentro de las fuerzas armadas, algo que también hace falta en instituciones críticas como la FGR, que aún alberga gente de Genaro García Luna. Lejos de debilitar a estas corporaciones, les ayudaría recuperar legitimidad.

No hay que olvidar que, en el plano nacional, el general Cienfuegos fomentó la opacidad en que se encuentran, por sólo mencionar algunos, casos como Tlatlaya y Ayotzinapa, donde hubo participación directa de las fuerzas armadas tanto en la ejecución como en el posterior encubrimiento. El poder acumulado por el general, antes considerado intocable, lo llevó incluso a sugerir a López Obrador quién debía sucederle. Su influencia dentro de la instititución habría hecho imposible que se le juzgara en México.

Uno o dos años atrás, pensar en la detención del ex secretario de la defensa habría parecido una locura que podría achacársele a la inventiva de Tom Clancy o a una película de ciencia ficción. Pero mientras más se destapa la cloaca, menos descabellado se hace pensar en la pertinencia de un juicio a varios expresidentes, incluidos algunos que buscan a través del proselitismo político mantenerse impunes. Para ello, la consulta popular está más que de sobra.


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

La captura del General Salvador Cienfuegos Zepeda asombró por lo intempestiva, no porque alguien dudara de las relaciones entre el narcotráfico y el ejército mexicano, materia fértil de crónicas periodísticas en las últimas décadas, unas de las más recientes y muy recomendables, El traidor de Anabel Hernández, publicado a fines del año pasado; y de reciente aparición García Luna, el señor de la muerte, de Francisco Cruz.

Para tener una idea de hasta qué grado el secretario de la defensa nacional de Enrique Peña Nieto estaba relacionado con el cártel de los Beltrán Leyva, o Cártel H-2, como lo llaman en este proceso, transcribo unos fragmentos del documento presentado por fiscalía de Nueva York, publicado por diarios extranjeros:

mediante sobornos, el acusado asistió al Cártel H-2 en diversas formas, que incluyen:

1. Asegurar que no se realizaran operaciones militares en contra del cartel H-2.

2. Realizar operaciones militares en contra de organizaciones rivales en el tráfico de drogas.

3. Emplazar transporte marítimo para cargamentos de droga.

4. Colaborar para expandir el territorio controlado por el cartel H-2 hacia Mazatlán y el resto de Sinaloa.

5. Presentar a los líderes del cártel H-2 con otros miembros corruptos del gobierno mexicano dispuestos a ayudarlos a cambio de sobornos.

6. Prevenir al Cartel H-2 sobre la investigación policial en curso de los Estados Unidos al Cartel H-2, así como el uso de testigos e informantes. Algo que resultó en el asesinato de un miembro del Cartel H-2, cuyos líderes creyeron incorrectamente que estaba ayudando a las autoridades policiales estadounidenses.

Las acusaciones son específicas y están soportadas por comunicaciones directas entre el acusado y un líder del Cartel H-2, incluyendo comunicaciones donde el acusado discutió su historia de asistencia a otra organización narcotraficante, así como comunicaciones donde se le identifica por su nombre, título y fotografía como funcionario del gobierno mexicano en colaboración con el Cartel H-2.

A todo lo anterior se agrega una acusación por lavado de dinero. Gran parte de la información proviene con seguridad de los juicios contra el Chapo Guzmán y otros miembros del cártel de Sinaloa, en guerra desde hace una década contra los Beltrán Leyva y sus aliados.

No sorprende que el gobierno mexicano evitara interceder por el general Cienfuegos cuando se les anunció hace semanas sobre el avance de la investigación. Tampoco que el presidente anuncie una limpia dentro de las fuerzas armadas, algo que también hace falta en instituciones críticas como la FGR, que aún alberga gente de Genaro García Luna. Lejos de debilitar a estas corporaciones, les ayudaría recuperar legitimidad.

No hay que olvidar que, en el plano nacional, el general Cienfuegos fomentó la opacidad en que se encuentran, por sólo mencionar algunos, casos como Tlatlaya y Ayotzinapa, donde hubo participación directa de las fuerzas armadas tanto en la ejecución como en el posterior encubrimiento. El poder acumulado por el general, antes considerado intocable, lo llevó incluso a sugerir a López Obrador quién debía sucederle. Su influencia dentro de la instititución habría hecho imposible que se le juzgara en México.

Uno o dos años atrás, pensar en la detención del ex secretario de la defensa habría parecido una locura que podría achacársele a la inventiva de Tom Clancy o a una película de ciencia ficción. Pero mientras más se destapa la cloaca, menos descabellado se hace pensar en la pertinencia de un juicio a varios expresidentes, incluidos algunos que buscan a través del proselitismo político mantenerse impunes. Para ello, la consulta popular está más que de sobra.


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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