/ viernes 5 de enero de 2024

Valenciana, una joya arquitectónica barroca

El templo fue como agradecimiento a los frutos mineros

Guanajuato, Gto.- El Templo de San Cayetano Neri, mejor conocido por capitalinos y visitantes como La Valenciana, representa un recinto colmado de misticismo, envuelto en leyendas y forma parte de la cultura de Guanajuato, un inmueble que alberga uno de los altares católicos más bellos de latinoamérica y que es sinónimo de la bonanza minera de la capital.

Te recomendamos: La calle Depósitos se convirtió, con el paso del tiempo, en una zona donde se respira la cultura

Un recinto que significa un exquisito manjar visual para quien la visita, con un excelso arte barroco sobre cantera rosa en la fachada y un altar bañado en oro. Según los archivos, la Mina de La Valenciana, perteneció en un inicio a Diego Fernández de Valenciana, quien fiel a la religión, se encomendó a Dios para que la mina fuera productiva, sin embargo, nunca logró encontrar la veta madre.

La construcción del templo inició en 1775 y concluyó en 1788.

Sin embargo, un astuto personaje, Antonio de Obregón y Alcocer, logró conseguir un préstamo económico muy conocido en la naciente ciudad de Guanajuato, Pedro de Otero; y decidió comprar la mina, un movimiento aventurado que le traería muy buenos frutos.

En 1760 Obregón ordenó una excavación de 128 metros, lo que en su época fue un proyecto de riesgo para los mineros de la época, pero fue así como se llegó a la beta madre, lo cual dejó en su propietario jugosas ganancias en minerales preciosos.

La beta, según los archivos, estaba compuesta en una su mayoría de oro, lo que lo colocó como uno de los hombres más adinerados de la época y por ende uno de los más poderosos de la joven ciudad.

El templo es una muestra de la bonanza minera de la época colonial en Guanajuato.

La bonanza de la mina fue tan grande que se decía que el 75 por ciento del oro y la plata que circulaban en el mundo procedía de la mina de Valenciana, lo que le valió a su propietario el título de conde.

Luego de 15 años de haber descubierto la beta y como agradecimiento por el gran hallazgo, Obregón y Alcocer ordenó en la edificación de un templo por el cual pagó cerca de 362 mil pesos de la época, uno de los proyectos más costosos de Guanajuato en su momento.

Se dice que fueron Andrés de la Riva, constructor guanajuatense y Jorge Archundia los encargados de la obra que no se concluyó luego de casi tres años de construcción debido a la muerte de ambos.

La mina de Valenciana fue una de las que más frutos dejó a la corona española.

De 1778 a 1781, un maestro carpintero venido de Querétaro, Manuel Antonio Cárdenas tomo el cargo como responsable de la obra, y fue en 1788 cuando José Simón Cayetano Tovar, también maestro carpintero, concluyó el inmueble.

Además de las delicadas y bien trazadas pinturas y los brillantes decoros bañados en oros del altar, el templo cuenta con uno de los tesoros más importantes de la ciudad, en su interior está instalado un órgano totalmente funcional de 1766, que cobra vida una vez al año con el festival Internacional de Órgano de Guanajuato.

En su interior alberga un majestuoso órgano de 1766 y uno de los altares más hermosos de América Latina.

Hoy en día, el templo recibe a miles de turistas anualmente, ansiosos por empaparse de mística que lo acompaña, deseosos por saber la historia y su estrecha relación con la minería de la llamada época colonial de Guanajuato.

Guanajuato es uno de los puntos turísticos preferidos por mexicanos y turistas, pues además de ser un bastión de la cultura en el país, su inefable arquitectura la convierten en lugar ideal para compartir los mejores momentos.

Sin embargo, pocos saben que esta belleza arquitectónica se debe gracias a las minas de la ciudad, que durante la época de la colonia convirtió en la principal actividad económica del país y una de las más fructíferas para la corona española.

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Hoy las minas aún son parte crucial de la economía cuevanense, y es precisamente que algunos sitios han sido convertidos en recintos turísticos que muestran a los visitantes como es la vida al interior de los túneles.

Guanajuato, Gto.- El Templo de San Cayetano Neri, mejor conocido por capitalinos y visitantes como La Valenciana, representa un recinto colmado de misticismo, envuelto en leyendas y forma parte de la cultura de Guanajuato, un inmueble que alberga uno de los altares católicos más bellos de latinoamérica y que es sinónimo de la bonanza minera de la capital.

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Un recinto que significa un exquisito manjar visual para quien la visita, con un excelso arte barroco sobre cantera rosa en la fachada y un altar bañado en oro. Según los archivos, la Mina de La Valenciana, perteneció en un inicio a Diego Fernández de Valenciana, quien fiel a la religión, se encomendó a Dios para que la mina fuera productiva, sin embargo, nunca logró encontrar la veta madre.

La construcción del templo inició en 1775 y concluyó en 1788.

Sin embargo, un astuto personaje, Antonio de Obregón y Alcocer, logró conseguir un préstamo económico muy conocido en la naciente ciudad de Guanajuato, Pedro de Otero; y decidió comprar la mina, un movimiento aventurado que le traería muy buenos frutos.

En 1760 Obregón ordenó una excavación de 128 metros, lo que en su época fue un proyecto de riesgo para los mineros de la época, pero fue así como se llegó a la beta madre, lo cual dejó en su propietario jugosas ganancias en minerales preciosos.

La beta, según los archivos, estaba compuesta en una su mayoría de oro, lo que lo colocó como uno de los hombres más adinerados de la época y por ende uno de los más poderosos de la joven ciudad.

El templo es una muestra de la bonanza minera de la época colonial en Guanajuato.

La bonanza de la mina fue tan grande que se decía que el 75 por ciento del oro y la plata que circulaban en el mundo procedía de la mina de Valenciana, lo que le valió a su propietario el título de conde.

Luego de 15 años de haber descubierto la beta y como agradecimiento por el gran hallazgo, Obregón y Alcocer ordenó en la edificación de un templo por el cual pagó cerca de 362 mil pesos de la época, uno de los proyectos más costosos de Guanajuato en su momento.

Se dice que fueron Andrés de la Riva, constructor guanajuatense y Jorge Archundia los encargados de la obra que no se concluyó luego de casi tres años de construcción debido a la muerte de ambos.

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De 1778 a 1781, un maestro carpintero venido de Querétaro, Manuel Antonio Cárdenas tomo el cargo como responsable de la obra, y fue en 1788 cuando José Simón Cayetano Tovar, también maestro carpintero, concluyó el inmueble.

Además de las delicadas y bien trazadas pinturas y los brillantes decoros bañados en oros del altar, el templo cuenta con uno de los tesoros más importantes de la ciudad, en su interior está instalado un órgano totalmente funcional de 1766, que cobra vida una vez al año con el festival Internacional de Órgano de Guanajuato.

En su interior alberga un majestuoso órgano de 1766 y uno de los altares más hermosos de América Latina.

Hoy en día, el templo recibe a miles de turistas anualmente, ansiosos por empaparse de mística que lo acompaña, deseosos por saber la historia y su estrecha relación con la minería de la llamada época colonial de Guanajuato.

Guanajuato es uno de los puntos turísticos preferidos por mexicanos y turistas, pues además de ser un bastión de la cultura en el país, su inefable arquitectura la convierten en lugar ideal para compartir los mejores momentos.

Sin embargo, pocos saben que esta belleza arquitectónica se debe gracias a las minas de la ciudad, que durante la época de la colonia convirtió en la principal actividad económica del país y una de las más fructíferas para la corona española.

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