Así van las obras en Santa Lucía, donde se podrá aterrizar con los ojos cerrados

Benito Pavón Varela, ingeniero militar a cargo de la construcción de la Torre de Control asegura que tendrá tecnología satelital y de radioayuda para mantener las operaciones aun con clima adverso

Juan Luis Ramos y Xóchitl Bárcenas | El Sol de México

  · martes 4 de febrero de 2020

Trabajadores preparan la base de la que será la terminal de pasajeros del aeropuerto de 95 mil millones de pesos / Foto: Mauricio Huizar

El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles será austero, pero seguro. La tecnología en su Torre de Control permitirá a los pilotos aterrizar con “los ojos cerrados”, aun con clima adverso, dice el ingeniero militar Benito Pavón Varela, a cargo de la construcción de la estructura a la que se refiere como “el corazón” del proyecto aeroportuario.

“La gente debe estar confiada en que es un aeropuerto seguro y que no se está gastando de más. Será un aeropuerto austero, lo cual no significa que sea de mala calidad”, responde cuando se le pregunta por esas voces críticas en torno a la decisión de asignar al Ejército la construcción de un aeropuerto civil que en su primera etapa atenderá a por lo menos 20 millones de pasajeros.

Durante un recorrido por la zona de obras de la actual base aérea de Santa Lucía, destacó que la nueva terminal aérea utilizará tecnologías satelitales y de radioayuda. “Aquí, si hubiese un banco de neblina el avión, literalmente, va a poder aterrizarse con los ojos cerrados”, a diferencia de lo que ocurre en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, garantiza el teniente coronel.

El Cerro de Paula, que significó uno de los principales problemas detectados en la planeación para la ubicación de las pistas, que obligó a modificar el diseño original para reubicar las instalaciones militares y a comprar mil 284 hectáreas adicionales para la zona amortiguamiento acústico y de seguridad, no representa un problema.

La compra de predios se concretó en su totalidad y para las complicaciones técnicas hay tecnología. Explica que se usará un sistema de aterrizaje instrumental, o ILS, por sus siglas en inglés, categoría III, que permite a los aviones operar aun en condiciones climáticas adversas; además, un sistema de navegación PBN (Performance- Based Navigation), que se basa en la geolocalización satelital de aeronaves para definir el espacio aéreo que ocupan y obtener así una mayor precisión sobre la ubicación, altitud, velocidad y rumbo de cada avión.

Con un avance de 5.3 por ciento hasta este 3 de febrero, la torre de control de 88 metros de altura será una de las primeras estructuras que podrá observarse en la zona a partir de mayo. Montada sobre una base de cimentación de 60 metros de diámetro, la torre de acero ya se trabaja en talleres con material recuperado casi en su totalidad del fallido aeropuerto de Texcoco.

Foto: Mauricio Huizar | El Sol de México

El ingeniero militar asegura que la obra a su cargo estará lista en esa fecha. Para ilustrar el ritmo de avance describe que sólo el domingo 26 de enero, en un lapso de 19 horas el Ejército coló mil 460 metros cúbicos de concreto en la que será la base de la estructura, un volumen equivalente al necesario para construir 150 casas de interés social.

“Entraban ollas de concreto cada tres minutos”, cuenta a El Sol de México el responsable del quinto frente de trabajo, de los 17 en que se ha dividido el proyecto que abarca un área de dos mil 300 hectáreas y costará 95 mil millones de pesos.

Los 256 trabajadores a cargo de Pavón Varela trabajan día y noche. En un mes estará lista la base de 60 metros de diámetro y cinco de espesor para sostener a la torre, y en menos de tres meses se colocará la estructura de acero desde la cual se controlarán los vuelos.

Pavón Varela describe que el diseño de la estructura asemeja a un macuahuitl, el arma preferida de los mexicas. “Tenemos la instrucción de acelerar los trabajos y espero tenerla terminada en diciembre”.

El ingeniero militar Benito Pavón está a cargo de la Torre de Control / Foto: Mauricio Huizar

Una vez que esté montada la torre iniciará la fase de equipamiento, que estará a cargo de Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam) y la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC).

En esta etapa se traerán equipos como generadores y elevadores Thyssenkrupp que se adquirieron para la que sería la Torre de Control de Texcoco, y será la misma empresa que iba a instalarlos en el NAIM la que haga el trabajo en Santa Lucía.

Para acelerar los trabajo de la torre, Pavón prevé que en unos meses haya 700 elementos, entre militares y civiles, alrededor de la construcción de esta estructura, casi el triple de los que hay ahora.

Sobre si el Ejército está o no preparado para realizar este tipo de obras, el ingeniero subrayó que la mayoría del personal militar involucrado en el aeropuerto de Santa Lucía tiene más de 20 años de experiencia en todo tipo de construcciones, entre ellas bases aéreas.

Foto: Mauricio Huizar | El Sol de México

“Técnicamente el Ejército está plenamente capacitado, somos egresados de la Escuela Militar de Ingenieros”. La Torre de Control en Texcoco estaba programada para construirse en cuatro años y ya tenía un retraso de ocho meses.

“Nosotros no podríamos darnos ese lujo. Para mí, como ingeniero militar, es una orden concluir, entonces debo tomar las previsiones para terminar antes”. Este compromiso aplica para el resto de los trabajo. Para los militares, dice, “empeñar la palabra de honor” y no cumplir es un delito.

Los trabajos llevan 109 días y a 777 de la fecha comprometida para el inicio de operaciones se observan por ahora enormes montículos de tierra, y a decenas de camiones que circulan por el terreno cargando toneladas del material que se obtiene del suelo. El personal se mueve entre nubes de polvo que levanta el viento en medio de un estruendo de motores de máquinas, martillazos y gritos de trabajadores, civiles y militares, que no cesan.

Pavón Varela explica que a diferencia de la obra de Texcoco, donde se tuvo que excavar hasta 40 metros para llegar al estrato resistente, en Santa Lucía sólo fueron entre cuatro y cinco metros, y el material se resguarda en el mismo recinto para usarse en aplanados posteriores, como el de las pistas, por ejemplo.

En Texcoco, compara, los camiones retiraban toneladas de material extraído para resguardarlo fuera del terreno y posteriormente regresarlo, lo cual era un negocio redondo.

Como cada semana, este lunes se informó que las obras tienen un avance general de 3.96 por ciento con una inversión de mil 785 millones de pesos.


Con información de Xóchitl Bárcenas | El Sol de México