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TECNOLOGÍA ELECTORAL

  • Armando Trueba Uzeta

Por: Armando Trueba Uzeta.

La revolución informática y digital que vive el mundo implica la creación de nuevas e inusitadas formas de acceder al conocimiento. Esa posibilidad se ha extendido universalmente, de manera que hoy, prácticamente desde cualquier punto del mundo, cualquier persona que cuente con la disponibilidad de un medio electrónico, puede ingresar a la red y encontrar referencias sobre casi cualquier cosa de su interés. El acceso al conocimiento nunca había sido tan democrático. De aquellas computadoras de 30 toneladas usadas en los sesentas, a lo teléfonos inteligentes con microprocesador integrado han sucedido grandes cosas en la comunicación de la humanidad.

La informática ha llegado para quedarse en la cotidianeidad de la vida humana, y en adelante no hará sino seguir progresando, de manera que resulta difícil imaginar siquiera que es lo que nos espera de aquí a los próximos 20 años. El célebre escritor israelí Yuval Noah Harari, en su obra Homo Deus nos recuerda como, a raíz de la llegada del hombre a la luna, la imaginación y predicciones de lo que se supone vendría posteriormente a ese evento, auguraba todo tipo de adelantos tecnológicos y científicos; sin embargo, a nadie se le ocurrió pensar en algo llamado internet. En ese sentido, las predicciones actuales sobre lo que viene en el mundo tecnológico pueden quedarse cortas ante giros inesperados de la tecnología y encontrarnos con cosas que hoy ni siquiera imaginamos o que pensamos imposibles o que tal vez ni siquiera estimamos necesarias.

Las nuevas generaciones —entre los 20 y 35 años— han nacido dentro de esta revolución informática. Para ellos, internet, aplicaciones y softwares resultan algo tan común como lo fue para los más viejos la radio y la televisión. Este frenético y radical cambio en la manera de vivir presenta repercusiones en todos los ámbitos de lo humano, igual facilita las labores de una ama de casa, que los servicios de un médico, las actividades de un comercializador de mercancías o el desempeño de un abogado. Nadie puede sustraerse a la realidad ineludible de un mundo dependiente cada vez más de la informática.

Las cosas manuales cada vez son menos, sobre ellas comienzan a imponerse formas tecnológicas más prácticas y eficientes de hacer prácticamente cualquier cosa, incluso expresiones artísticas del arte como la pintura, música o arquitectura. La política, en tanto expresión de la actividad humana, tampoco es ajena a estos adelantos. La práctica de la democracia tiende cada vez más a encontrar apoyo en la informática y en las tecnologías digitales. En la medida en que los procesos democráticos, como lo son las elecciones, encuentren sustento en las tecnologías informáticas, su calidad se verá incrementada y ello tendrá que contribuir al convencimiento de las bondades de la vida democrática.

México es un país que ha transitado lentamente de un sistema político monolítico sustentado en el acuerdo tácito de la transmisión del poder entre una hermandad, para ubicarse como una arena en la que efectivamente se da la pelea electoral entre las diversas corrientes que han surgido en el país. Por más que se cuestione la calidad de nuestra democracia, existen evidencias de que al menos existe y funciona. La alternancia en el poder es parte de la ortodoxia política en todos los niveles de gobierno. Al día de hoy la izquierda está posicionada como nunca antes para ganar las próximas elecciones y no hay duda de que, si logra el voto mayoritario en las urnas, nada impedirá su acceso al poder. Pero por más avances que presenta nuestro sistema electoral, no podemos soslayar las experiencias del pasado que han provocado el enquistamiento de ciertos explicables traumas sociales. A pesar de que contamos con un sistema democrático enorme y costoso, no creemos en él. Cada que pasa una elección, por alguna causa, no queda una sensación de conformidad con los resultados y se asume que tal o cual partido se robó la elección. No tengo duda que a esto contribuye el sistema decimonónico de contar manualmente las boletas. Parece que solo las constancias documentales en papel son lo único que vale para asumir la existencia y validez de un voto.

El voto electrónico puede ser una opción para sustituir la tradicional papeleta y el crayón, pero si desconfiamos de los ciudadanos que cuentan los sufragios manualmente, difícilmente aceptaremos la generalización del voto electrónico, mientras no superemos la recíproca desconfianza.

A pesar de las reticencias, el voto electrónico por internet tenderá inevitablemente a establecerse para quedarse. No será en el 2018, pero si eventualmente en subsecuentes procesos electorales, poco a poco, conforme los estándares y usos democráticos vayan asentándose en la sociedad. Por lo pronto, podemos ver un pequeño paso de lo que en algún momento vendrá: la utilización de una tableta o un teléfono inteligente y de una aplicación digital para registrar los apoyos para los candidatos independientes. Esto constituye sin duda un hito en los procesos electorales del país. Como elemento novedoso, no ha caído del todo bien en la generalidad y el método ha sido criticado y atacado. Tal como suele suceder con todo lo nuevo.

El uso de este sistema, por más que se le quiera tildar de impráctico, con todo y sus fallas, que seguro las tendrá, necesariamente es algo que lejos de entorpecer el proceso, facilitará la recolección de miles de firmas que andan pepenando los aspirantes independientes. No solo por eso es importante, también hay que tomar en consideración que corresponde a la autoridad electoral pronunciarse sobre la validez de los apoyos. Mediante este sistema la tarea se facilita y se concede certeza sobre la manifestación de la voluntad de todos aquellos que han otorgado su apoyo a algún suspirante.

Podrá criticarse la inevitable “curva de aprendizaje”, pero en algún momento la autoridad electoral debía comenzar a hacer uso de la tecnología para captar la voluntad ciudadana como instrumento facilitador del quehacer electoral. Los resultados son evidentes, hoy mismo podemos consultar en línea el avance de captación de firmas para el apoyo ciudadano.

Ojalá esto signifique el principio de la automatización plena de los procesos electorales, en su vertiente de la captación generalizada de las intenciones ciudadanas, a través de mecanismos digitales modernos, eficaces, seguros y transparentes, que tan solo con un clic arrojen el resultado de una jornada electoral con la mínima intervención del hombre.