/ sábado 17 de octubre de 2020

V I C I S I T U D E S

DÍA MUNDIAL DE LOS ANIMALES

La semana pasada me cuestionaron el porqué no escribía algo sobre los animales, pues justamente el día cuatro del presente, se había celebrado el Día Mundial de los Animales.

Le comentaba a la persona que lo hizo, que no era correcto lo que estaba diciendo, pues más de alguna vez he escrito sobre ellos, de forma especial sobre las mascotas caninas, que es con las que más hemos convivido en casa, mi esposa, mis hijos y un servidor,

Hay un anónimo que enuncia: “Los animales son amigos muy agradables: cuando están contentos demuestran la alegría”. Esto es muy cierto y se pone de manifiesto de muchas maneras, pues bastaría tener contacto con ellos, para percatarnos la alegría que muestran y el hecho de darnos un momento de diversión, de plática y de relajación, y muchas veces de escucha, aunque no nos respondan nada.

Sé que hay personas a las cuales no les gusta convivir con animales, y mucho menos tener mascotas en casa, porque no les son agradables, porque tendrían que estar lidiando con la limpieza, con el ruido y hasta con el olor, no sabiendo que se pueden buscar lugares propios para ellos y que no interfieran, si así se desean, con la dinámica de casa.

Desde niño, la adolescencia y la juventud he convivido, al igual que mis hermanos, con diferentes tipos de animalitos, mismos que teníamos en casa de mis papás, de los abuelos o ahora ya como padres. Perros, cotorritas, canarios, hámster, pollitos, gallinas, gallos, conejos, guajolotes, pececitos, tortugas, patos, cerdos, y es cierto que necesitan atención, cuidados, vacunas y un lugar propio para vivir. No me viene en este instante si hubiésemos tenido gatitos, y si los tuvimos fueron los menos.

De alguna forma u otra se celebró el Día Mundial de los Animales, el día de San Francisco de Asís, pues a él se le considera como un santo que cuidó mucho de ellos, al grado de que hablaba aún con aquellos que eran agresivos y a los que la gente les tenía miedo. Era muy paciente, humano y amoroso con todos.

De los animales antes mencionados, claro está que unos servían y siguen sirviendo de alimento, pues son aptos para el consumo humano, y no se tenía, al menos así se notaba, ningún remordimiento al comerlos, como lo fueron, los pollos, las gallinas, los guajolotes, los conejos y los cerdos.

Sin embargo, las cosas, con el correr de los años han ido cambiando la perspectiva de convivencia y de cariño para algunas especies, ya que se ha convivido más con ellos de forma doméstica, y me explico.

Cuando hemos tenido algunos como mascotas, de inmediato los hacemos parte de la familia, sea cual sea su especie, y les damos un nombre para identificarlos, y los más interesante es que ellos lo entienden, y manifiestan su alegría al vernos, cuando los acariciamos, cuando les decimos algo bello con palabras tranquilas, aunque también perciben algún enojo de nuestra parte cuando les llamamos la atención porque han hecho algo que consideramos no correcto.

Me apena decirlo, pero cuando mi hija estaba pequeña, le compramos un pollito, el cual estaba dentro de la casa en una cajita de zapatos. Se lo obsequiamos para que estuviera con ella. Lo acariciaba, le hablaba, lo abrazaba y le puso por nombre “Pepito”. Como estaba dentro de la casa pues comenzó a hacer de las suyas, y poco a poco, como era natural, llegó a crecer de una forma extraordinaria, de tal forma que ya era imposible tenerlo con nosotros. El tiempo no pasa en balde y quisiera acordarme del verdadero motivo por el cual, en el momento menos esperado, tal cual, nos lo tuvimos que comer, sin que nuestra hija se diera cuenta, diciéndole que se lo había comido una rata enorme que había entrado a la casa.

En la particular me gustan mucho los cotorritos australianos. Con dos de ellos, macho y hembra, me llegué a hacer de más de veinte, pues son muy prolíficos. A los dos que comenzaron con la crianza les llegué a nombrar como “Abuelitos,” porque pasaban unos y otros y ellos se mantenían vivos. Al final fueron muriendo poco a poco, pero cada que encontraba alguno muerto me llenaba de tristeza. A los últimos tres que tuve les llamé, Hugo Paco y Luis, y vaya que me entendían.

La alegría que mostraba un pato cuando lo tuvimos era evidente cada que yo entraba a darle de comer y a ponerle agua en la tina que le había acondicionado, para que se bañara. Sabía por donde subirse y por donde bajaba para meterse a la tina, y aleteaba cuando estaba en el agua. Tiempo después nos dimos cuenta por casualidad, que no era pato, sino pata. Al principio le decíamos “Pavarotti”. pero terminó siendo “Pavarota”. Cuando murió me entristecí unos días.

Tendría mucho que compartir con ustedes sobre la importancia de los animales en la convivencia humana, y de la alegría que pueden dejar en nuestras vidas cuando los respetamos como seres vivos que son, y de la tristeza que nos dejan cuando se han ido de nuestras vidas. Los animales silvestres serán tema a tratar en otra ocasión, pero también corresponde un trato digno para ellos.

El poeta y escritor estadounidense, Walt Whitman, mencionó alguna vez: “Yo creo que yo pudiera vivir con los animales: son tan plácidos y sencillos”.

Cuatro de octubre, Día Mundial de los Animales. Estimados lectores, cuando sepamos respetar la vida de los seres vivos, incluyendo, por supuesto, al hombre, seremos más humanos y conscientes de verdad. El Señor les bendiga y les dé su paz. Mtro. Armando




DÍA MUNDIAL DE LOS ANIMALES

La semana pasada me cuestionaron el porqué no escribía algo sobre los animales, pues justamente el día cuatro del presente, se había celebrado el Día Mundial de los Animales.

Le comentaba a la persona que lo hizo, que no era correcto lo que estaba diciendo, pues más de alguna vez he escrito sobre ellos, de forma especial sobre las mascotas caninas, que es con las que más hemos convivido en casa, mi esposa, mis hijos y un servidor,

Hay un anónimo que enuncia: “Los animales son amigos muy agradables: cuando están contentos demuestran la alegría”. Esto es muy cierto y se pone de manifiesto de muchas maneras, pues bastaría tener contacto con ellos, para percatarnos la alegría que muestran y el hecho de darnos un momento de diversión, de plática y de relajación, y muchas veces de escucha, aunque no nos respondan nada.

Sé que hay personas a las cuales no les gusta convivir con animales, y mucho menos tener mascotas en casa, porque no les son agradables, porque tendrían que estar lidiando con la limpieza, con el ruido y hasta con el olor, no sabiendo que se pueden buscar lugares propios para ellos y que no interfieran, si así se desean, con la dinámica de casa.

Desde niño, la adolescencia y la juventud he convivido, al igual que mis hermanos, con diferentes tipos de animalitos, mismos que teníamos en casa de mis papás, de los abuelos o ahora ya como padres. Perros, cotorritas, canarios, hámster, pollitos, gallinas, gallos, conejos, guajolotes, pececitos, tortugas, patos, cerdos, y es cierto que necesitan atención, cuidados, vacunas y un lugar propio para vivir. No me viene en este instante si hubiésemos tenido gatitos, y si los tuvimos fueron los menos.

De alguna forma u otra se celebró el Día Mundial de los Animales, el día de San Francisco de Asís, pues a él se le considera como un santo que cuidó mucho de ellos, al grado de que hablaba aún con aquellos que eran agresivos y a los que la gente les tenía miedo. Era muy paciente, humano y amoroso con todos.

De los animales antes mencionados, claro está que unos servían y siguen sirviendo de alimento, pues son aptos para el consumo humano, y no se tenía, al menos así se notaba, ningún remordimiento al comerlos, como lo fueron, los pollos, las gallinas, los guajolotes, los conejos y los cerdos.

Sin embargo, las cosas, con el correr de los años han ido cambiando la perspectiva de convivencia y de cariño para algunas especies, ya que se ha convivido más con ellos de forma doméstica, y me explico.

Cuando hemos tenido algunos como mascotas, de inmediato los hacemos parte de la familia, sea cual sea su especie, y les damos un nombre para identificarlos, y los más interesante es que ellos lo entienden, y manifiestan su alegría al vernos, cuando los acariciamos, cuando les decimos algo bello con palabras tranquilas, aunque también perciben algún enojo de nuestra parte cuando les llamamos la atención porque han hecho algo que consideramos no correcto.

Me apena decirlo, pero cuando mi hija estaba pequeña, le compramos un pollito, el cual estaba dentro de la casa en una cajita de zapatos. Se lo obsequiamos para que estuviera con ella. Lo acariciaba, le hablaba, lo abrazaba y le puso por nombre “Pepito”. Como estaba dentro de la casa pues comenzó a hacer de las suyas, y poco a poco, como era natural, llegó a crecer de una forma extraordinaria, de tal forma que ya era imposible tenerlo con nosotros. El tiempo no pasa en balde y quisiera acordarme del verdadero motivo por el cual, en el momento menos esperado, tal cual, nos lo tuvimos que comer, sin que nuestra hija se diera cuenta, diciéndole que se lo había comido una rata enorme que había entrado a la casa.

En la particular me gustan mucho los cotorritos australianos. Con dos de ellos, macho y hembra, me llegué a hacer de más de veinte, pues son muy prolíficos. A los dos que comenzaron con la crianza les llegué a nombrar como “Abuelitos,” porque pasaban unos y otros y ellos se mantenían vivos. Al final fueron muriendo poco a poco, pero cada que encontraba alguno muerto me llenaba de tristeza. A los últimos tres que tuve les llamé, Hugo Paco y Luis, y vaya que me entendían.

La alegría que mostraba un pato cuando lo tuvimos era evidente cada que yo entraba a darle de comer y a ponerle agua en la tina que le había acondicionado, para que se bañara. Sabía por donde subirse y por donde bajaba para meterse a la tina, y aleteaba cuando estaba en el agua. Tiempo después nos dimos cuenta por casualidad, que no era pato, sino pata. Al principio le decíamos “Pavarotti”. pero terminó siendo “Pavarota”. Cuando murió me entristecí unos días.

Tendría mucho que compartir con ustedes sobre la importancia de los animales en la convivencia humana, y de la alegría que pueden dejar en nuestras vidas cuando los respetamos como seres vivos que son, y de la tristeza que nos dejan cuando se han ido de nuestras vidas. Los animales silvestres serán tema a tratar en otra ocasión, pero también corresponde un trato digno para ellos.

El poeta y escritor estadounidense, Walt Whitman, mencionó alguna vez: “Yo creo que yo pudiera vivir con los animales: son tan plácidos y sencillos”.

Cuatro de octubre, Día Mundial de los Animales. Estimados lectores, cuando sepamos respetar la vida de los seres vivos, incluyendo, por supuesto, al hombre, seremos más humanos y conscientes de verdad. El Señor les bendiga y les dé su paz. Mtro. Armando




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