/ miércoles 8 de enero de 2020

V I C I S I T U D E S

DOS MIL VEINTE

Por: Armando Hernández Origel

Así es, tan simple, pero así es, pues ya dimos el pasito, el salto que nos faltaba para entrar en este NUEVO AÑO DOS MIL VEINTE, tal cual DOS MIL VEINTE y no aquello que comercialmente se ha estado manejando: “el veinte veinte”.

Cada uno vivió la finalización del dos mil diecinueve como quiso y cada quien recibió al dos mil veinte como mejor lo pretendió hacer, pero siempre pensando en cosas positivas, en realidades que debemos vivir para estar más mentalizados en que lo mejor está siempre por llegar, llenándonos de esperanza, de ilusiones, de luces, optimismo y fe. Lo que haya pasado en el año anterior, ya quedó atrás, quizá habrá cosas que no se puedan olvidar, pero que ya no vamos a poder cambiar, tocándonos ahora ocuparnos por lo que está por venir; por ese presente que nos permite de alguna forma pensar en proyectar nuestro futuro, que si bien es cierto no conocemos, nos hace pensar y trabajar para que las cosas podamos hacerlas mejor.

Durante la Noche Buena y la Navidad, así como el ver partir al año que se fue y recibir al que llegaba, seguramente recibimos, en muy buena medida, mensajes de felicitación, de apoyo, de abrazos, saludos y buenos deseos, llenándonos de buena vibra, pues contenían palabras, pensamientos y reflexiones positivas, alentadoras y llenas de bendiciones.

Cada quien envió lo que su corazón le dictó y fue repartiendo y reproduciendo los mensajes que les hayan llegado, tratando de compartir todo lo bueno que tenemos como personas, no siendo egoístas.

Todo ello fue muy bueno y alentador, porque nos permitió, analizar lo que vivimos durante los últimos trescientos sesenta y cinco días, teniendo en mente las cosas buenas que nos pasaron, pero también lo que no hubiésemos querido que sucediera, pero que se dio, entristeciéndonos de momento y tal vez quejándonos o renegando de lo que hayamos vivido. Era inevitable no recordarlo, pero cuando nos dimos cuenta de que estamos con vida, y seguimos aquí presentes a lado de las personas que amamos y que nos aman, que apreciamos y nos aprecian, pues entonces percibimos esa posibilidad de tener un año mejor y un futuro más prometedor; todo eso aliviando los momentos difíciles que pasamos.

Qué bueno que ya llegó el dos mil veinte, porque eso nos hacer creer y pensar en que las cosas deben caminar de mejor manera, siempre haciendo lo que nos corresponde humana y responsablemente. No perdamos nunca de vista, que TODO LO QUE VA REGRESA, por lo que debemos comprender en que el hacer un bien, éste se regresa multiplicado, pero que a quien actúe mal, pues sabrá que ese mal se le puede revertir, y eso no se lo deseamos a nadie.

El dos mil veinte llegó y toca a nosotros poner nuestro granito de arena para que las cosas cambien, pero no olvidemos que primero necesitamos cambiar nosotros mismos, por el bien propio y de los demás. Que el Señor nos permita mayor conciencia para actuar, haciendo el bien. Paz y bien. Bendiciones.

DOS MIL VEINTE

Por: Armando Hernández Origel

Así es, tan simple, pero así es, pues ya dimos el pasito, el salto que nos faltaba para entrar en este NUEVO AÑO DOS MIL VEINTE, tal cual DOS MIL VEINTE y no aquello que comercialmente se ha estado manejando: “el veinte veinte”.

Cada uno vivió la finalización del dos mil diecinueve como quiso y cada quien recibió al dos mil veinte como mejor lo pretendió hacer, pero siempre pensando en cosas positivas, en realidades que debemos vivir para estar más mentalizados en que lo mejor está siempre por llegar, llenándonos de esperanza, de ilusiones, de luces, optimismo y fe. Lo que haya pasado en el año anterior, ya quedó atrás, quizá habrá cosas que no se puedan olvidar, pero que ya no vamos a poder cambiar, tocándonos ahora ocuparnos por lo que está por venir; por ese presente que nos permite de alguna forma pensar en proyectar nuestro futuro, que si bien es cierto no conocemos, nos hace pensar y trabajar para que las cosas podamos hacerlas mejor.

Durante la Noche Buena y la Navidad, así como el ver partir al año que se fue y recibir al que llegaba, seguramente recibimos, en muy buena medida, mensajes de felicitación, de apoyo, de abrazos, saludos y buenos deseos, llenándonos de buena vibra, pues contenían palabras, pensamientos y reflexiones positivas, alentadoras y llenas de bendiciones.

Cada quien envió lo que su corazón le dictó y fue repartiendo y reproduciendo los mensajes que les hayan llegado, tratando de compartir todo lo bueno que tenemos como personas, no siendo egoístas.

Todo ello fue muy bueno y alentador, porque nos permitió, analizar lo que vivimos durante los últimos trescientos sesenta y cinco días, teniendo en mente las cosas buenas que nos pasaron, pero también lo que no hubiésemos querido que sucediera, pero que se dio, entristeciéndonos de momento y tal vez quejándonos o renegando de lo que hayamos vivido. Era inevitable no recordarlo, pero cuando nos dimos cuenta de que estamos con vida, y seguimos aquí presentes a lado de las personas que amamos y que nos aman, que apreciamos y nos aprecian, pues entonces percibimos esa posibilidad de tener un año mejor y un futuro más prometedor; todo eso aliviando los momentos difíciles que pasamos.

Qué bueno que ya llegó el dos mil veinte, porque eso nos hacer creer y pensar en que las cosas deben caminar de mejor manera, siempre haciendo lo que nos corresponde humana y responsablemente. No perdamos nunca de vista, que TODO LO QUE VA REGRESA, por lo que debemos comprender en que el hacer un bien, éste se regresa multiplicado, pero que a quien actúe mal, pues sabrá que ese mal se le puede revertir, y eso no se lo deseamos a nadie.

El dos mil veinte llegó y toca a nosotros poner nuestro granito de arena para que las cosas cambien, pero no olvidemos que primero necesitamos cambiar nosotros mismos, por el bien propio y de los demás. Que el Señor nos permita mayor conciencia para actuar, haciendo el bien. Paz y bien. Bendiciones.