/ miércoles 14 de agosto de 2019

V I C I S I T U D E S

CUANDO UN AMIGO SE VA

Por: Armando Hernández Origel

Hay un dicho inglés que dice: “Mándame las flores cuando las pueda oler”, y si tomamos en cuenta que los dichos son evangelios chiquitos, entonces debemos comprender cuan verdadero es.

La semana pasada visité a uno de mis tíos, Rica. Me recibió en su casa y platicamos del cómo nos sentimos, del cómo estamos y de que debemos cuidar nuestra salud, porque ya no estamos “tan chiquitos”. En un determinado momento de nuestra platica, mi tío me comenta que, si me habían avisado que había fallecido un médico conocido de los dos, pues fue vecino nuestro y amigo de la infancia, allá por el rumbo del Templo de San Vicente.

Me sorprendió la noticia, tratándose de una persona conocida desde que éramos niños. Le pregunté si sabía que le había pasado, contestándome que le había dado un infarto, pero que no estaba muy seguro.

Más tarde investigué dónde lo velarían y dónde sería la misa de cuerpo presente. No pude acompañarlo en la funeraria y sólo me presenté al templo. La misa sería en el Templo de San Vicente a la una y treinta de la tarde. Llegué temprano y me pude percatar que la gente hacía lo mismo, por lo que el templo se fue llenando poco a poco hasta llenarse a su máxima capacidad.

Comencé a ver a mucha gente del rumbo, amigos, compañeros y familiares, que hacía tiempo no veía, y los recuerdos de mi niñez y juventud afloraron en mi mente. ¡Qué tiempos aquellos cuando se podía convivir sanamente y salir a la calle sin ningún pendiente!

La misa fue celebrada por el Padre Armando, siendo muy emotiva en todo momento, por lo que dijo y por cómo lo expresó. Resalto cuando mencionó que deberíamos agradecer a nuestro amigo que estaba en el féretro, porque había sido capaz de habernos reunido entre semana a la una de la tarde para decirnos que ya estaba en el encuentro con el Señor, porque si hubiese sido una misa con otro motivo, tal vez pocos habrían asistido.

Cuando la eucaristía terminó, su hermano Gerardo tomó la palabra, agradeciendo el que hayamos acompañado a su hermano y a ellos como familia. Comentó que su hermano le había dicho en alguna ocasión, que cuando él muriese, seguramente nadie asistiría a su sepelio porque a él no le gustaba asistir a los velorios.

Pero que se había equivocado y que seguramente desde el cielo se estaría dando cuenta de ello porque el templo estaba abarrotado de amigos, compañeros y familiares.

Mis estimados lectores, él es el Médico Francisco Javier Villafaña, mejor conocido por nosotros como PACO VILLAFAÑA. Cumplió su tiempo en la tierra. El Señor lo tenga en su Santa Gloria, y dé fortaleza a su familia para comprender el porqué de su partida. Hasta pronto mi estimado PACO. El Señor te dé su paz. Manois.

CUANDO UN AMIGO SE VA

Por: Armando Hernández Origel

Hay un dicho inglés que dice: “Mándame las flores cuando las pueda oler”, y si tomamos en cuenta que los dichos son evangelios chiquitos, entonces debemos comprender cuan verdadero es.

La semana pasada visité a uno de mis tíos, Rica. Me recibió en su casa y platicamos del cómo nos sentimos, del cómo estamos y de que debemos cuidar nuestra salud, porque ya no estamos “tan chiquitos”. En un determinado momento de nuestra platica, mi tío me comenta que, si me habían avisado que había fallecido un médico conocido de los dos, pues fue vecino nuestro y amigo de la infancia, allá por el rumbo del Templo de San Vicente.

Me sorprendió la noticia, tratándose de una persona conocida desde que éramos niños. Le pregunté si sabía que le había pasado, contestándome que le había dado un infarto, pero que no estaba muy seguro.

Más tarde investigué dónde lo velarían y dónde sería la misa de cuerpo presente. No pude acompañarlo en la funeraria y sólo me presenté al templo. La misa sería en el Templo de San Vicente a la una y treinta de la tarde. Llegué temprano y me pude percatar que la gente hacía lo mismo, por lo que el templo se fue llenando poco a poco hasta llenarse a su máxima capacidad.

Comencé a ver a mucha gente del rumbo, amigos, compañeros y familiares, que hacía tiempo no veía, y los recuerdos de mi niñez y juventud afloraron en mi mente. ¡Qué tiempos aquellos cuando se podía convivir sanamente y salir a la calle sin ningún pendiente!

La misa fue celebrada por el Padre Armando, siendo muy emotiva en todo momento, por lo que dijo y por cómo lo expresó. Resalto cuando mencionó que deberíamos agradecer a nuestro amigo que estaba en el féretro, porque había sido capaz de habernos reunido entre semana a la una de la tarde para decirnos que ya estaba en el encuentro con el Señor, porque si hubiese sido una misa con otro motivo, tal vez pocos habrían asistido.

Cuando la eucaristía terminó, su hermano Gerardo tomó la palabra, agradeciendo el que hayamos acompañado a su hermano y a ellos como familia. Comentó que su hermano le había dicho en alguna ocasión, que cuando él muriese, seguramente nadie asistiría a su sepelio porque a él no le gustaba asistir a los velorios.

Pero que se había equivocado y que seguramente desde el cielo se estaría dando cuenta de ello porque el templo estaba abarrotado de amigos, compañeros y familiares.

Mis estimados lectores, él es el Médico Francisco Javier Villafaña, mejor conocido por nosotros como PACO VILLAFAÑA. Cumplió su tiempo en la tierra. El Señor lo tenga en su Santa Gloria, y dé fortaleza a su familia para comprender el porqué de su partida. Hasta pronto mi estimado PACO. El Señor te dé su paz. Manois.