/ sábado 2 de abril de 2022

Seis años es mucho tiempo

Se ven por doquier las bardas pintadas de color azul y blanco invitando a una cuarentena política el 10 de abril, como si la elección revocatoria de mandato fuera un peligroso virus que debiera extinguirse a través de la sustracción de votantes. Son tiempos oscuros para la oposición política en el país que pasa de sus frentes nacionales (FRENA), de sus Sí por México, a un absurdo quédate en casa de muy infausta memoria, y que además niega los principios más básicos de la democracia participativa. Políticos que piden no votar, vaya un oxímoron.

Me preguntaban esta semana, por parte de un diario local, si había que participar o no en la consulta, me gustaría transcribir y ampliar aquí parte mi respuesta.

Seis años son mucho tiempo y, a pesar de provenir de un mandato popular, no son un cheque en blanco. Si me hubieran preguntado en 2015 si Peña Nieto debía seguir ocupando el cargo, hubiera dicho que no. Para entonces seguíamos horrorizados por los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y todos los intentos por parte del estado por encubrir lo sucedido; ya había estallado el caso del tren chino a Querétaro y por consecuencia conocíamos el dispendio de la Casa Blanca. A esto podríamos sumarle delitos por los cuales aún no se juzga al personaje del pelo engominado como su corresponsabilidad en el caso Atenco, cuando fue gobernador en el Estado de México.

Si me hubieran preguntado en 2009 si ratificaría en el cargo a Felipe Calderón, también hubiera votado porque saliera. Ya para entonces su alianza con el cártel de Sinaloa y los desmanes de Genaro García Luna eran más que evidentes. Aún no había comenzado la cacería sobre Carmen Aristegui por investigar sobre su alcoholismo, pero ya le había dado la puntilla al caso de Gutiérrez Vivó, que le había encargado su predecesor Vicente Fox. Por esas fechas, ya era evidente el saqueo de Pemex por parte del PAN, así como el ascenso vertiginoso del negocio del huachicol.

No estoy seguro cómo habría votado en 2003, pero tras haber sacado nominalmente al PRI de la presidencia, quizás le habría dado mi apoyo a Vicente Fox, a pesar de que dilapidara de la forma más patética el mandato ciudadano de reformar de este país.

Iré a votar este 10 de abril, porque es la primera vez que se me pregunta y, confío, que se siga preguntando igual en los sexenios venideros. De ahí la reticencia de una oposición tan afecta a los cheques en blanco: un ejercicio de calificación a mitad del mandato es sano y necesario. Seis años son mucho tiempo.

Prestigiosos analistas han tildado la consulta como una farsa, una cortina de humo, a mí me parece un ejercicio importante en un país que parece aún no saber qué hacer con la democracia y que gasta cada año unos 23.000 millones de pesos, más de mil millones de dólares, en financiación a partidos políticos, institutos y sistemas judiciales electorales. ¿Todo eso para no salir a votar?

Opino que la oposición política en vez de proclamar cuarentenas, debió aprovechar la oportunidad para demostrar su verdadero talante democrático, pero bien vemos que sigue empantanada con los mismos (personajes) y las mismas (artimañas), parece que sólo les sale bien hacer kits de Lego o spots publicitarios sensacionalistas (a cargo de los contribuyentes, claro).

No importa si usted está a favor o en desacuerdo con el actual presidente, vaya a votar. En eso consiste muy buena parte de esta aventura milenaria que llamamos democracia.

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

Se ven por doquier las bardas pintadas de color azul y blanco invitando a una cuarentena política el 10 de abril, como si la elección revocatoria de mandato fuera un peligroso virus que debiera extinguirse a través de la sustracción de votantes. Son tiempos oscuros para la oposición política en el país que pasa de sus frentes nacionales (FRENA), de sus Sí por México, a un absurdo quédate en casa de muy infausta memoria, y que además niega los principios más básicos de la democracia participativa. Políticos que piden no votar, vaya un oxímoron.

Me preguntaban esta semana, por parte de un diario local, si había que participar o no en la consulta, me gustaría transcribir y ampliar aquí parte mi respuesta.

Seis años son mucho tiempo y, a pesar de provenir de un mandato popular, no son un cheque en blanco. Si me hubieran preguntado en 2015 si Peña Nieto debía seguir ocupando el cargo, hubiera dicho que no. Para entonces seguíamos horrorizados por los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y todos los intentos por parte del estado por encubrir lo sucedido; ya había estallado el caso del tren chino a Querétaro y por consecuencia conocíamos el dispendio de la Casa Blanca. A esto podríamos sumarle delitos por los cuales aún no se juzga al personaje del pelo engominado como su corresponsabilidad en el caso Atenco, cuando fue gobernador en el Estado de México.

Si me hubieran preguntado en 2009 si ratificaría en el cargo a Felipe Calderón, también hubiera votado porque saliera. Ya para entonces su alianza con el cártel de Sinaloa y los desmanes de Genaro García Luna eran más que evidentes. Aún no había comenzado la cacería sobre Carmen Aristegui por investigar sobre su alcoholismo, pero ya le había dado la puntilla al caso de Gutiérrez Vivó, que le había encargado su predecesor Vicente Fox. Por esas fechas, ya era evidente el saqueo de Pemex por parte del PAN, así como el ascenso vertiginoso del negocio del huachicol.

No estoy seguro cómo habría votado en 2003, pero tras haber sacado nominalmente al PRI de la presidencia, quizás le habría dado mi apoyo a Vicente Fox, a pesar de que dilapidara de la forma más patética el mandato ciudadano de reformar de este país.

Iré a votar este 10 de abril, porque es la primera vez que se me pregunta y, confío, que se siga preguntando igual en los sexenios venideros. De ahí la reticencia de una oposición tan afecta a los cheques en blanco: un ejercicio de calificación a mitad del mandato es sano y necesario. Seis años son mucho tiempo.

Prestigiosos analistas han tildado la consulta como una farsa, una cortina de humo, a mí me parece un ejercicio importante en un país que parece aún no saber qué hacer con la democracia y que gasta cada año unos 23.000 millones de pesos, más de mil millones de dólares, en financiación a partidos políticos, institutos y sistemas judiciales electorales. ¿Todo eso para no salir a votar?

Opino que la oposición política en vez de proclamar cuarentenas, debió aprovechar la oportunidad para demostrar su verdadero talante democrático, pero bien vemos que sigue empantanada con los mismos (personajes) y las mismas (artimañas), parece que sólo les sale bien hacer kits de Lego o spots publicitarios sensacionalistas (a cargo de los contribuyentes, claro).

No importa si usted está a favor o en desacuerdo con el actual presidente, vaya a votar. En eso consiste muy buena parte de esta aventura milenaria que llamamos democracia.

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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