/ sábado 18 de septiembre de 2021

¿Qué necesidad?

No pocas veces he discutido aquí y allá con quienes afirman de manera tajante que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador nos lleva hacia el comunismo. A pesar de sus errores y proyectos faraónicos, ha sido cauto en las finanzas. Prueba de ello son las cifras estables en la tasa de cambio, termómetro infalible de los manejos macroeconómicos. La palabra comunismo resume una ideología que se empareja, gracias a su pésima aplicación en lo práctico en diversos momentos de la historia, con el autoritarismo, la dictadura y la ruina económica. Cualquiera que critique el carácter autoritario del presidente, bien puede asistir a una de sus conferencias mañaneras, como lo hizo el periodista Jorge Ramos, e intercambiar con él algunas palabras. No creo que López Obrador nos lleve hacia el comunismo, si mucho hacia un socialismo de corte tropical donde las grandes empresas deban pagar impuestos (su gran pecado).

No obstante lo anterior, los acercamientos esta semana con dictaduras como la de Cuba y Venezuela no me hacen gracia alguna. Tampoco el esfuerzo por liderar una CELAC a la que habría que invertirle mucho dinero para convertirla en un verdadero contrapeso de la OEA. ¿Obedece esto a un verdadero enfoque estratégico geopolítico del gobierno o simplemente un pase de mago para distraernos de lo que sucede en nuestras frontera sur y norte, o de la dinámica de la guerra interna que no da señales de extinguirse?

Sólo para recordarlo, comparto una gráfica del informe anual del anuario 2021 de la Stockholm International Place Research Institute (Sipri), organización internacional que monitorea los conflictos mundiales, y que clasifica a México, dentro del continente como el único país con un conflicto armado de alta intensidad.


Mientras México se vanagloria de defender la libertad de expresión y de no perseguir a ningún periodista, aplaude a Cuba, que viola de forma permanente la libertad de expresión y encarcela a periodistas y opositores. De igual forma, se abstiene de pronunciar condena alguna contra los gobiernos de Venezuela o Nicaragua. Mientras México se narcodesborda y funciona como policía migratoria de la frontera sur de los Estados Unidos, le pide a éste último que levante las sanciones contra Cuba. Algo que, en realidad, ayudaría mucho más a un cambio de régimen que mantenerlo enrocado en contra de un enemigo externo. Pero, ¿hay algo de coherencia en todo esto?

Al ver el contexto regional la pregunta surge de inmediato: ¿Hacia dónde nos llevan?

Porque una cosa es hablar del respeto al derecho ajeno y otra rodearse de amigos indeseables para nuestro gran vecino, quien a pesar de hallarse muy ocupado ante las amenazas que percibe del otro lado del Pacífico, no quita el dedo del renglón.

Esta semana, se crisparon los ánimos al anunciarse la nueva alianza entre Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos para patrullar el mar de China. Tras el fiasco de Afganistán, Estados Unidos tratará de no perder más terreno en el plano geopolítico, así tenga que sacrificar buenas relaciones con Europa. Mientras pasa la crisis, hay que recordar que tanto Cuba como Venezuela son las puntas de lanza de Rusia y China en nuestro continente, y que cualquier coqueteo de México con la nueva potencia mundial no pasará desapercibido. O acaso, ¿No recuerdan ustedes lo que sucedió el sexenio pasado con el tren chino que se construiría entre Querétaro y la CDMX?


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

No pocas veces he discutido aquí y allá con quienes afirman de manera tajante que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador nos lleva hacia el comunismo. A pesar de sus errores y proyectos faraónicos, ha sido cauto en las finanzas. Prueba de ello son las cifras estables en la tasa de cambio, termómetro infalible de los manejos macroeconómicos. La palabra comunismo resume una ideología que se empareja, gracias a su pésima aplicación en lo práctico en diversos momentos de la historia, con el autoritarismo, la dictadura y la ruina económica. Cualquiera que critique el carácter autoritario del presidente, bien puede asistir a una de sus conferencias mañaneras, como lo hizo el periodista Jorge Ramos, e intercambiar con él algunas palabras. No creo que López Obrador nos lleve hacia el comunismo, si mucho hacia un socialismo de corte tropical donde las grandes empresas deban pagar impuestos (su gran pecado).

No obstante lo anterior, los acercamientos esta semana con dictaduras como la de Cuba y Venezuela no me hacen gracia alguna. Tampoco el esfuerzo por liderar una CELAC a la que habría que invertirle mucho dinero para convertirla en un verdadero contrapeso de la OEA. ¿Obedece esto a un verdadero enfoque estratégico geopolítico del gobierno o simplemente un pase de mago para distraernos de lo que sucede en nuestras frontera sur y norte, o de la dinámica de la guerra interna que no da señales de extinguirse?

Sólo para recordarlo, comparto una gráfica del informe anual del anuario 2021 de la Stockholm International Place Research Institute (Sipri), organización internacional que monitorea los conflictos mundiales, y que clasifica a México, dentro del continente como el único país con un conflicto armado de alta intensidad.


Mientras México se vanagloria de defender la libertad de expresión y de no perseguir a ningún periodista, aplaude a Cuba, que viola de forma permanente la libertad de expresión y encarcela a periodistas y opositores. De igual forma, se abstiene de pronunciar condena alguna contra los gobiernos de Venezuela o Nicaragua. Mientras México se narcodesborda y funciona como policía migratoria de la frontera sur de los Estados Unidos, le pide a éste último que levante las sanciones contra Cuba. Algo que, en realidad, ayudaría mucho más a un cambio de régimen que mantenerlo enrocado en contra de un enemigo externo. Pero, ¿hay algo de coherencia en todo esto?

Al ver el contexto regional la pregunta surge de inmediato: ¿Hacia dónde nos llevan?

Porque una cosa es hablar del respeto al derecho ajeno y otra rodearse de amigos indeseables para nuestro gran vecino, quien a pesar de hallarse muy ocupado ante las amenazas que percibe del otro lado del Pacífico, no quita el dedo del renglón.

Esta semana, se crisparon los ánimos al anunciarse la nueva alianza entre Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos para patrullar el mar de China. Tras el fiasco de Afganistán, Estados Unidos tratará de no perder más terreno en el plano geopolítico, así tenga que sacrificar buenas relaciones con Europa. Mientras pasa la crisis, hay que recordar que tanto Cuba como Venezuela son las puntas de lanza de Rusia y China en nuestro continente, y que cualquier coqueteo de México con la nueva potencia mundial no pasará desapercibido. O acaso, ¿No recuerdan ustedes lo que sucedió el sexenio pasado con el tren chino que se construiría entre Querétaro y la CDMX?


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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