/ domingo 7 de noviembre de 2021

Normalidad normalidad

Sí, la peste y el terror habían terminado y aquellos brazos que se anudaban estaban demostrando que la peste había sido exilio y separación en el más profundo sentido de la palabra.

Albert Camus, La peste


Las cifras lo avalan, por lo menos en la mayor parte de México: el semáforo de riesgo epidémico luce en verde, sólo Baja California vive en naranja, mientras Guanajuato y Aguascalientes permanecen en amarillo. Como puede verse en las gráficas de casos activos, nuestro estado mantiene la tendencia a la baja en ciudades como Irapuato y León, aunque hay una extraña excepción con Celaya, donde parece que la tendencia a la recuperación es menos clara, por lo menos en lo que a casos activos respecta (ver gráficas).

En cuanto a los índices de letalidad, a partir de las vacunaciones masivas, se mantiene niveles mucho más bajos que en meses anteriores, como lo muestran las cifras oficiales acumuladas mes por mes (ver tabla).

Los indicios del retorno a la normalidad se sienten: ya los viejitos volvieron a empacar en los supermercados, como muestra de que las condiciones precarias del mercado laboral, así como la filantropía de los grandes comercios continúa en el mismo nivel de antes. También varias panaderías han dejado de contaminar envolviendo de manera individual el pan en bolsitas de celofán (algo que durante toda la pandemia nunca se demostró que sirviera en realidad para algo). Muchos estaremos felices porque poco falta para que desaparezcan los termómetros y los tapetes de caucho ensopados en desinfectante de las puertas de los negocios y centros comerciales. Medidas absurdas y poco eficaces sostenidas por la inercia pandémica. Sin embargo, hay que aplaudir cómo aprendimos a usar el cubrebocas, medida sana y eficaz que debiéramos mantener hasta el inicio de la comercialización de las vacunas y de los antivirales específicos contra el COVID. Así como seguir empleándolo en caso de padecer alguna enfermedad respiratoria contagiosa, como la influenza u otras gripes.

Sólo falta el regreso total de las escuelas a clases, algo que hasta las universidades, que bien deberían haber sido las primeras en iniciar, han retrasado. Mientras en México aún se discute del regreso a la normalidad académica, que muestra el escaso compromiso de las instituciones con el saber, decenas de países en el mundo, conscientes de la importancia de la educación, mantuvieron a sus alumnos en las aulas, y se esmeraron en regresar cuanto antes a las clases presenciales. Si en la actualidad atestiguamos niveles alarmantes de deserción escolar en los niveles de secundaria, preparatoria y universitarios, ya comentados en este espacio, en los próximos años veremos el profundo desequilibrio que se formó durante estos casi dos años sin normalidad académica.

Nos hablaban de una nueva normalidad, pero realmente debemos prepararnos para la “normalidad normalidad”, a pesar de que aún se oyen voces apocalípticas que cantan cada mutación del coronavirus como el fin de los tiempos.

Gracias al poder de la ciencia podemos cantar victoria, y debemos hacerlo con cierta modestia mientras recordamos estas palabras de Camus, del mismo libro que cito al inicio de este artículo: Pero la cosa es así. Los otros dicen: "Es la peste, ha habido peste." Por poco piden que les den una condecoración. Pero, ¿qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más. La normalidad está a la vuelta de la esquina, ¿estamos preparados?


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

Sí, la peste y el terror habían terminado y aquellos brazos que se anudaban estaban demostrando que la peste había sido exilio y separación en el más profundo sentido de la palabra.

Albert Camus, La peste


Las cifras lo avalan, por lo menos en la mayor parte de México: el semáforo de riesgo epidémico luce en verde, sólo Baja California vive en naranja, mientras Guanajuato y Aguascalientes permanecen en amarillo. Como puede verse en las gráficas de casos activos, nuestro estado mantiene la tendencia a la baja en ciudades como Irapuato y León, aunque hay una extraña excepción con Celaya, donde parece que la tendencia a la recuperación es menos clara, por lo menos en lo que a casos activos respecta (ver gráficas).

En cuanto a los índices de letalidad, a partir de las vacunaciones masivas, se mantiene niveles mucho más bajos que en meses anteriores, como lo muestran las cifras oficiales acumuladas mes por mes (ver tabla).

Los indicios del retorno a la normalidad se sienten: ya los viejitos volvieron a empacar en los supermercados, como muestra de que las condiciones precarias del mercado laboral, así como la filantropía de los grandes comercios continúa en el mismo nivel de antes. También varias panaderías han dejado de contaminar envolviendo de manera individual el pan en bolsitas de celofán (algo que durante toda la pandemia nunca se demostró que sirviera en realidad para algo). Muchos estaremos felices porque poco falta para que desaparezcan los termómetros y los tapetes de caucho ensopados en desinfectante de las puertas de los negocios y centros comerciales. Medidas absurdas y poco eficaces sostenidas por la inercia pandémica. Sin embargo, hay que aplaudir cómo aprendimos a usar el cubrebocas, medida sana y eficaz que debiéramos mantener hasta el inicio de la comercialización de las vacunas y de los antivirales específicos contra el COVID. Así como seguir empleándolo en caso de padecer alguna enfermedad respiratoria contagiosa, como la influenza u otras gripes.

Sólo falta el regreso total de las escuelas a clases, algo que hasta las universidades, que bien deberían haber sido las primeras en iniciar, han retrasado. Mientras en México aún se discute del regreso a la normalidad académica, que muestra el escaso compromiso de las instituciones con el saber, decenas de países en el mundo, conscientes de la importancia de la educación, mantuvieron a sus alumnos en las aulas, y se esmeraron en regresar cuanto antes a las clases presenciales. Si en la actualidad atestiguamos niveles alarmantes de deserción escolar en los niveles de secundaria, preparatoria y universitarios, ya comentados en este espacio, en los próximos años veremos el profundo desequilibrio que se formó durante estos casi dos años sin normalidad académica.

Nos hablaban de una nueva normalidad, pero realmente debemos prepararnos para la “normalidad normalidad”, a pesar de que aún se oyen voces apocalípticas que cantan cada mutación del coronavirus como el fin de los tiempos.

Gracias al poder de la ciencia podemos cantar victoria, y debemos hacerlo con cierta modestia mientras recordamos estas palabras de Camus, del mismo libro que cito al inicio de este artículo: Pero la cosa es así. Los otros dicen: "Es la peste, ha habido peste." Por poco piden que les den una condecoración. Pero, ¿qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más. La normalidad está a la vuelta de la esquina, ¿estamos preparados?


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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