/ domingo 10 de abril de 2022

No pongas tus sucias manos sobre Shostakovich

Por allá por los años 80, Manuel Vicent publicó un extraordinario artículo donde un padre de familia, progresista con dinero, economista colocado, con una biblioteca selecta de dos mil volúmenes, pintura abstracta en las paredes, ya entrado en los cuarenta recibe la visita de los amigos de su hija, panda de jovenzuelos llena de harapos, pulgas y metales del rollo, en su departamento de doscientos metros por los altos de Chamartín. El padre parece salvar sin contratiempos las distancias generacionales, aunque los muchachitos, sin dignarse esbozar el más leve saludo, le vacían el refri, manosean sus libros, se limpian las botas en su costosa alfombra, y escandalizan el edificio con música de Led Zeppellin a todo volúmen.

Vicent nos cuenta que el protagonista, cuida mucho el envase, pero ama la libertad antes que nada… y …su punto fuerte es la elegancia interior, pero también sabemos que la tolerancia tiene un límite, y éste se rebasa cuando uno de los jovencitos intenta tomar un acetato con la sinfonía nro. 40 de Mozart. El padre, de izquierdas, saltó del sillón impulsado por un muelle y lanzó un grito estentóreo: ¡¡¡Mozart, no!!! ¡¡No pongas tus sucias manos sobre Mozart!! Y entonces se inició la escena final, en la que el padre se liberó de todos los traumas hasta alcanzar la propia libertad sobre el chantaje de sus hijos. Detrás había quedado un largo proceso de neurosis paterno-filial que acabó con una sonora bofetada.

La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato OSUG está pronta a cumplir 70 años de actividad, y como promueve su sitio web: ocupa un lugar privilegiado en el panorama musical de México como uno de los ensambles orquestales de mayor prestigio en el país y con una sólida proyección internacional. Sin embargo, este cumpleaños parece opacarse por incidentes endilgables a negligencia o descuido por parte de las autoridades universitarias y que han ido minando la paciencia de sus integrantes.

A las respetuosas protestas de los últimos meses en reclamo de ajustes salariales acordes al nivel con que se promueve la institución, se le suma los riesgos laborales de trabajar en un teatro que no cumple con normas mínimas de seguridad en su cableado eléctrico o de sujeción de sus elementos de tramoya, y al que volverán a partir de 25 de abril, de haberse subsanado las anomalías.

Por si lo anterior fuera poco, esta semana el rumor sobre el veto de autores rusos y la suspensión de un disco ya grabado que incluía obra de Dimitri Shostakovich no sólo indigna a los músicos, sino también a cualquier amante de la música y la cultura. El comunicado de la oficina del abogado general, en un español que se asemeja al ruso o a la jerga empleada por el SAT, puede leerse en las redes y es una prueba fehaciente del desprecio de algunos elementos de una entidad cultural por el arte y la cultura. Una casa de estudios, generadora de conocimiento, está en manos de abogados más interesados en cazar herencias intestadas para abultar más el patrimonio inmobiliario de la institución, que en promover el desarrollo del espíritu. ¿Qué culpa tiene Shostakovich?

Al parecer, el grupo que gobierna la universidad tiene otras miras y aunque no sabemos bien cuáles son, hemos atestiguado su capacidad para jugar con la tolerancia de empleados y alumnado. De estos últimos ya recibió una bofetada justo antes de la pandemia, con una huelga modélica. Y no aprenden, esta semana el rector rehuía de estudiantes quejosos de la ENMS Guanajuato. Ruedan algunas cabezas y todo sigue igual. ¿Hasta cuándo jugarán con el respeto y la tolerancia de los miembros de la OSUG? Bien lo ilustró Manuel Vicent: la tolerancia tiene límites.


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

Por allá por los años 80, Manuel Vicent publicó un extraordinario artículo donde un padre de familia, progresista con dinero, economista colocado, con una biblioteca selecta de dos mil volúmenes, pintura abstracta en las paredes, ya entrado en los cuarenta recibe la visita de los amigos de su hija, panda de jovenzuelos llena de harapos, pulgas y metales del rollo, en su departamento de doscientos metros por los altos de Chamartín. El padre parece salvar sin contratiempos las distancias generacionales, aunque los muchachitos, sin dignarse esbozar el más leve saludo, le vacían el refri, manosean sus libros, se limpian las botas en su costosa alfombra, y escandalizan el edificio con música de Led Zeppellin a todo volúmen.

Vicent nos cuenta que el protagonista, cuida mucho el envase, pero ama la libertad antes que nada… y …su punto fuerte es la elegancia interior, pero también sabemos que la tolerancia tiene un límite, y éste se rebasa cuando uno de los jovencitos intenta tomar un acetato con la sinfonía nro. 40 de Mozart. El padre, de izquierdas, saltó del sillón impulsado por un muelle y lanzó un grito estentóreo: ¡¡¡Mozart, no!!! ¡¡No pongas tus sucias manos sobre Mozart!! Y entonces se inició la escena final, en la que el padre se liberó de todos los traumas hasta alcanzar la propia libertad sobre el chantaje de sus hijos. Detrás había quedado un largo proceso de neurosis paterno-filial que acabó con una sonora bofetada.

La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato OSUG está pronta a cumplir 70 años de actividad, y como promueve su sitio web: ocupa un lugar privilegiado en el panorama musical de México como uno de los ensambles orquestales de mayor prestigio en el país y con una sólida proyección internacional. Sin embargo, este cumpleaños parece opacarse por incidentes endilgables a negligencia o descuido por parte de las autoridades universitarias y que han ido minando la paciencia de sus integrantes.

A las respetuosas protestas de los últimos meses en reclamo de ajustes salariales acordes al nivel con que se promueve la institución, se le suma los riesgos laborales de trabajar en un teatro que no cumple con normas mínimas de seguridad en su cableado eléctrico o de sujeción de sus elementos de tramoya, y al que volverán a partir de 25 de abril, de haberse subsanado las anomalías.

Por si lo anterior fuera poco, esta semana el rumor sobre el veto de autores rusos y la suspensión de un disco ya grabado que incluía obra de Dimitri Shostakovich no sólo indigna a los músicos, sino también a cualquier amante de la música y la cultura. El comunicado de la oficina del abogado general, en un español que se asemeja al ruso o a la jerga empleada por el SAT, puede leerse en las redes y es una prueba fehaciente del desprecio de algunos elementos de una entidad cultural por el arte y la cultura. Una casa de estudios, generadora de conocimiento, está en manos de abogados más interesados en cazar herencias intestadas para abultar más el patrimonio inmobiliario de la institución, que en promover el desarrollo del espíritu. ¿Qué culpa tiene Shostakovich?

Al parecer, el grupo que gobierna la universidad tiene otras miras y aunque no sabemos bien cuáles son, hemos atestiguado su capacidad para jugar con la tolerancia de empleados y alumnado. De estos últimos ya recibió una bofetada justo antes de la pandemia, con una huelga modélica. Y no aprenden, esta semana el rector rehuía de estudiantes quejosos de la ENMS Guanajuato. Ruedan algunas cabezas y todo sigue igual. ¿Hasta cuándo jugarán con el respeto y la tolerancia de los miembros de la OSUG? Bien lo ilustró Manuel Vicent: la tolerancia tiene límites.


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